Poesía / México
Poesía
I
Un tren
se impactó con otro, yo no estaba ahí.
Las vías
estaban desviadas como las manecillas
de un reloj descompuesto que avanza sin saber adónde.
Las personas salieron a ver, asustadas por el estruendo,
pero no había nada, ningún rastro de gente herida
ni vagones descarrilados. Nada, absolutamente nada.
¿Y el estruendo?
El sonido del choque se adhirió a las paredes,
a las calles contiguas, a la tierra que apenas reverdecía.
La onda
traspasó el tiempo y lo detuvo,
como una piedra que es lanzada al mar
y nunca más vuelve a ser vista.
Las personas volvieron a entrar a sus negocios
y siguieron con su vida, pero, en sus latidos,
había algo diferente: un choque de trenes.
II
El poema es una cascada, donde entramos
y no volvemos a salir ilesos. El comienzo es siempre
una cascada que no nos atrevemos a mirar.
Es una cascada, porque yo soy una cascada,
que cae sobre su propio peso. La montaña,
como único testigo se aferra a la definición.
El agua fluye para escapar de la montaña.
La cascada es la historia que no sabemos
cómo vivir hasta que estamos al final de la línea,
a punto de caer
con miedo de que alguien nos arroje con fuerza.
Y ¿si
por accidente resbalamos
y
nunca salimos de la corriente?
En ese momento, el poema se abre
y
vuela como un águila,
señalando el camino, sólo así
es
posible ser una cascada.
Minotauro
En la oscura presencia de tu nombre navego
y me hundo en el decir que nunca llega.
Camino sobre las piedras que sostienen
el ojo del mundo, el tallo telescópico de la luna.
La marea desciende al sueño de una flor carnívora,
entre olas y letras el destino es devorado.
Los relojes cambian de piel, se desnudan de horas,
para que ya nada exista; es ahí donde me encuentro:
en el cuerpo animal de tu silencio.
Me doblo como un árbol en tormenta,
para que las raíces hallen su cauce.
Cierro los ojos y alguien me mira en este espacio en blanco,
la yerba crece como la palabra en su laberinto.
En mi reflejo te encuentro atado a la noche,
zumba en mi oído el néctar de tu oscuridad.
Tus cuernos sobresalen en la embestida
y yo con mi muleta abro un oasis
para que bebas de mi nombre que es el tuyo.
La sed agrieta el pasado, lo petrifica.
Somos un barco de papel que navega sin rumbo
hasta hundirse o cuando el reflejo se rompa
en el vaso o en la catarata que nos contiene.
Mi cuerpo es la noche de tu último poema.
El antónimo perfecto
Hay algo en las alas del poema:
corre como un animal salvaje,
hace reverberar la luna en mis manos
y se camufla para nunca ser atrapado.
Lo siento en mi pecho crepitar
como a una mariposa.
Me atraviesa como un cuchillo.
Sale de mí como una estampida
y, cuando por fin lo reconozco,
no hay tiempo ni lugar.
El espacio en blanco es un cuadro de museo.
El aleteo vuelve a dormir conmigo;
aguarda su momento
para enterrarme en la tierra sin raíces.
Pacto de sangre
La casa se cae a pedazos
y los escombros miran con desdén.
Es hora de entrar a los cimientos,
a las columnas de una gloria pasada.
El sabor es amargo, pero permanece en la piel.
El estruendo de las tazas cayendo
deja una huella en el piso
difícil de limpiar con las manos.
¿Y si esa mancha se quedara para siempre?
La casa seguiría cayendo lentamente
sobre nuestros hombros, con todo su peso,
como si encajara sus uñas para apropiarse
nuevamente de los platos rotos, del espejo
que ya no refleja nada sino la muerte.
- Melvyn Aguilar
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Melissa Nungaray
(Guadalajara, México, 1998). Estudió Lengua y Literatura Hispánicas y una maestría en Estudios Literarios en la UAEMéx. Dirige la revista digital En la Masmédula. Es autora de los poemarios Raíz del cielo (2005), Alba-vigía (2008), Sentencia del fuego (2011), Travesía: Entidad del cuerpo (2014), la plaquette El cuerpo descansa en algún lugar (2022) y El cielo cae a voces (2023). Parte de su obra ha sido traducida al italiano, inglés, uzbeko y griego. En 2014 obtuvo el segundo lugar del IV Premio Nacional de Poesía Joven “Jorge Lara” y en 2022 la mención honorífica en el 13º Concurso para jóvenes “Caminos de la Libertad”. Fue becaria del Festival Interfaz ISSSTE-Cultura Los Signos en Rotación (San Luis Potosí, 2017).
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