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Por: María Eugenia Delgado / Poesía

Poesía

Tocar lo ausente: veinte años de poesía de Liyanis González Padrón

María Eugenia Delgado

 

Tocar lo ausente reúne veinte años de poesía de Liyanis González Padrón y permite leer en conjunto una obra en la que la experiencia íntima encuentra forma en una escritura que busca nombrar lo que persiste y dar sentido a las huellas de la memoria.

Presentar este libro ha sido para mí una alegría y un honor. No solo por el cariño y la admiración que siento por Liyanis, nacidos de una amistad que se ha tejido a lo largo de los años, sino porque su poesía reunida revela una práctica sostenida en el tiempo y que, en su conjunto, funciona como un instrumento capaz de conmover y de abrir un diálogo que transforma lo íntimo en una experiencia compartida.

La lectura de Tocar lo ausente supone aceptar una invitación a cruzar puertas que no siempre conducen a la luz, pero sí a una vivencia intensa de la experiencia humana. Como dice la voz poética: «Eternas son las puertas que descubro a tientas / en las noches heladas». Ese avance incierto y misterioso define una poética donde lo dicho y lo no dicho conviven en un mismo universo.

Suele decirse que los libros de poemas guardan la historia del corazón humano: en ellos queda el registro de emociones sentidas, a veces, hace siglos, en lugares lejanos y en idiomas distintos, y que al leerse vuelven a cobrar vida. Tocar lo ausente reúne poemas de ocho libros publicados entre 2005 y 2025, junto con algunos textos inéditos. En ese amplio arco temporal, aparecen imágenes y símbolos que persisten y se transforman: la noche, el silencio, la herida, el cuerpo, la ciudad, el exilio, la memoria. Cada uno de estos motivos parece formar parte de un Cofre de alquimias —título de uno de sus libros— que invita al lector a abrirlo y dejarse atravesar por lo que allí se guarda.

El recorrido que propone este libro atraviesa una memoria íntima marcada por una ausencia encarnada: la del cuerpo que migra, la de la ciudad que se pierde, la de los nombres que cambian, la de los muertos que habitan en los recuerdos. En la poesía de Liyanis, la ausencia no es negación, sino presencia intensa que insiste y busca ser nombrada.

No se trata de un recorrido lineal. Los poemas dialogan entre sí más allá del momento en el que fueron escritos y construyen un movimiento que avanza por reiteraciones y desplazamientos. Desde textos atravesados por el desarraigo, la noche y la devastación, hasta otros donde la luz aparece de manera frágil pero persistente, la escritura se sostiene en la precisión y en un manejo de la palabra que fluye con ritmo propio.

El silencio ocupa un lugar central en esta poética. No como vacío, sino como aprendizaje y forma de habitar el mundo. «Me he acostumbrado tanto a este silencio / que apenas mi tristeza es enjuiciable», dice la voz poética. De ahí que la mayor parte de los poemas prescindan de la puntuación tradicional, porque la separación de los versos, los cortes y las pausas construyen un ritmo que orienta la lectura y permite que su sentido se despliegue con naturalidad. Se trata de una escritura que denota un estupendo dominio y uso del lenguaje.

La figura del cuerpo aparece como un territorio donde se inscribe la experiencia, como espacio sensible que alberga pérdida, deseo y memoria. «Quien frene mi orfandad / encenderá este nombre / que soy», escribe Liyanis, y en ese gesto, cuerpo, nombre e identidad se enlazan.

La ciudad también ocupa un lugar significativo. En Lo que fue ciudad, la memoria urbana se vuelve elegía: «En el principio, / creíamos que la ciudad albergaba señales». En Papeles nocturnos, ese motivo aparece desde otra perspectiva: «Cualquier lugar de este mundo / es forma y mudanza». La ciudad deja de ser espacio fijo y se convierte en territorio de cambio y pérdida. En contraste, la ternura surge en lo mínimo, en la infancia y en los gestos delicados: «Yo prefiero detenerme / en ciertas ternuras / donde aparece un niño / que me lee un telegrama».

Liyanis González es una poeta de oficio. Su escritura da cuenta de una práctica sostenida en el tiempo y de una atención constante a la forma y al sentido. Dialoga con distintas tradiciones sin quedar atrapada en ellas y, a partir de ese intercambio, construye una voz propia y reconocible que fluye con naturalidad. Tocar lo ausente permite leer esa voz en conjunto y apreciar la coherencia de un recorrido poético que se ha afirmado con los años.

Este libro permite transitar un camino de escritura sostenido por la constancia y el rigor de una práctica poética. Su poesía revela una voz que interroga, conmueve y enciende los sentidos, como si —para decirlo en palabras de la autora— «los huesos aún insistieran en el fuego».

Librería Rayuela

Quito, 29 de enero de 2026

 

Fin de la noche

 
Detrás de la muerte
hay figuras ordenadas
 
Historias de humo en los espejos
 
Un asombroso fuego
en la ilusión de los círculos,
de tu vientre al lecho
abrasado por un dios estéril
 
Es el fin de la noche
de lluvia adormecida
en el nacimiento del hijo
inasible
y tan cerca de tu sangre


(Cofre de alquimias, 2008)

 

Contra todo pronóstico

El aire escogido es como un hacha
para la carne de nuestras maderas
y el colibrí las traspasa.

José Lezama Lima


Ser cubano es llevar a cuestas una isla

Más allá de los despojos
puñados de piedra
                            calor
                                  hambre
                                             locura
llevamos la noche en los huesos

Somos la herencia de la soledad y del fuego
La algarabía del mar
que recorre los cantos
sin simulacros de estirpe en decadencia

Sobrevivientes de quienes nos dieron un nombre
de los que creyeron que Cuba era un planeta

¿Cómo mantener sin romper los cristales
el dulce sueño sobre la mísera corteza?

Sobre el ruido de palabras que ensordecen
juzgan otros
con sus manos deformes
pequeñísimas cargas de alas ciegas

¿Cuánto pagar de sobrevida?

Contra todo pronóstico
ajenos al nombre que nos dieron,
la isla sangra

Aún la llevamos a cuestas


(Cambios de nombre, 2012)

 

Arrastro las antiguas derrotas


Arrastro las antiguas derrotas
y las alineo al borde de la mesa

Escribo
Decanto en mis papeles
Aúlla el frío en las fronteras de mis ojos

Ya no creo en la virtud de los profetas
sus columpios de tinta
sus vestidos

Un país huye de mis manos
sigue a la noche
ardiendo en sus continuas señales

Vuelvo al sueño
siempre al sueño
donde mi padre esconde
– en sus bolsillos macerados –
las astillas de su aroma


Escribo un verso limpio


Escribo un verso limpio
para no decirlo

Le dibujo un sol
que envuelva la noche
y me desnude las sombras
y una lluvia me salve

Que la muerte no me encuentre
ni siquiera en sus plazas

Que no escuche un sonido
naciendo
como una palabra tierna

No deshojará la flor
ni los periódicos

Irá junto a mis huesos
para condensar el tiempo
y seguir alimentando a las palomas

(Papeles nocturnos, 2016)

 

Jeroglíficas

A veces
yo miro las palabras
y les pido que escriban lo posible
por ejemplo
la vida de un hombre
que se queda sentado
hasta su muerte
con una muchacha altiva
entre sus piernas

Entonces
las palabras me miran
y en su hambre animal
de territorios
en la agobiante fe de mi utopía
liberan sus cuervos
que sin un sólo graznido
con los ojos puntiagudos
rasgan la blanda pena de mis asnos

(Bajo la dulce agonía de la piedra, 2019)

 

Hasta el infinito

El pájaro canta al amanecer,
y anida en tus ruidos
y tus pasos
conduce mi ser
al nuevo eco de tu vuelo

La insistencia de su canto
es la presencia de ti y de mí
de lo incierto a lo visible

Sabemos que la tristeza
puede guardarse en el trigo
o en las llamas de la hoguera
que calienta nuestra casa

Para tormento del pájaro
dejas la huella de tu luz
como la esperanza de una madre
busca hasta el infinito


(Fluctuaciones de la luz, 2025)

Tocar lo ausente, Liyanis González Padrón, El Ángel Editor, Quito, 2025.
Tocar lo ausente: veinte años de poesía de Liyanis González Padrón. (Muestra de 6 textos) Por: María Eugenia Delgado
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Liyanis González Padrón

Pinar del Río, Cuba, (1971). Poeta, profesora de Literatura y examinadora académica para la Organización del Bachillerato Internacional, Cardiff, Reino Unido.

Es autora de los libros de poesía Estaciones de sombra (2005), Cofre de alquimias (2008), Cambios de nombre (2012), Papeles nocturnos (2016), Bajo la dulce agonía de la piedra (2019), Lo que fue ciudad, antología bilingüe español – portugués (2022), Cuerpos ausentes, edición bilingüe español – italiano  (2024) y Fluctuaciones de la luz, libro inédito con el que cierra su poesía reunida Tocar lo ausente publicada por El Ángel Editor en 2025.

Parte de su obra poética ha sido traducida a cinco idiomas y se incluye en antologías de Chile, Ecuador, España, Perú y Estados Unidos.

Recibió el nombramiento de la Sociedad Honoraria Hispánica Sigma Delta Pi en el Capítulo Nacional de EE.UU y de la American Association of Teachers of Spanish and Portuguese (2025). Actualmente es miembro del equipo organizador del Encuentro Internacional de Poesía “Verso a Verso” en Portugal.

María Eugenia Delgado Aldunate

Escritora ecuatoriana-chilena. Es Licenciada en Ciencias de la Educación con especialidad en Letras por la Universidad Católica de Ecuador y tiene una maestría en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca. Es editora y correctora de estilo. Se dedica a la escritura de textos escolares de Lengua y Literatura, así como artículos para revistas. Realiza talleres de educación y mediación lectora en escuelas y colegios. Ha publicado obras de ficción entre las que se encuentran Fuegos grises, Fábulas del tímido tapir y sus locos amigos, Mitos y leyendas del Ecuador y ¿Qué voy a hacer con esta nariz? (obra ganadora del Premio Darío Guevara Mayorga del Municipio de Quito en la categoría cuento infantil en el año 2025). Algunas de sus historias y cuentos se han publicado de manera individual en antologías, revistas y periódicos del país. Además de narrativa, escribe poesía.

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