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Poesía / Juana M. Ramos

Poesía

Lo esencial en tu boca

Lo esencial en tu boca
          es algo así
como un diluvio de palomas
como un grito felino y geranio
          a la vez
como esa lluvia a cántaros
o aquella sísmica duda
que precede y predice
la espesura de tu marcha.
         Por instantes,
despiadados precipicios
         me roban la calma
me recuerdan las lanzas
pronunciadas por tu boca
         (en voz pasiva /
en impacientes espadas),
gorgojos infestan mi lengua
         enmudezco
despido el olor rancio
         de mi pena.
No logro resolverme.
Silencio más tarde
lo esencial en tu boca
          alza la mano
          pide la palabra
se dilata en la gramática
de mi retorno impostergable.
Es ahora un mosaico de peces
que me hace recordar,
días más, días menos,
          mis escamas,
o la fiera hambrienta
que dormita en mi garganta
o bajo la misma almohada
con que intento sofocar
          tu incertidumbre.
Madre irrumpe y arroja
un nada hay que merezca la paz
          o el desasosiego
de las certezas absolutas.
          Todo es, remata,
un sucumbir hasta instalarse en el abismo
un sucumbir hasta ceder eternamente.
Pero abuela aletea en mi pecho,
se ha vuelto un crisantemo
abierto y florido, presto a mis laberintos,
dispuesto a la unción de nuestro beso.
Padre palpita en mi verbo,
lustro tras lustro, llama insistente
          a todas mis puertas,
su llamado dice que donde yace
no hay sangre ni hay cordero
tan sólo su agonía interminable
tan sólo un graznar dispuesto a devorar
         lo que queda de sus ojos,
tan sólo su partida imprevista
en un noviembre cualquiera
de una noche igualmente cualquiera,
          descascarada, mohosa.
Lo esencial en tu boca
         alcanza mi cenit
y soy tan día como noche
bestia mansa, feroz y amable,
          bestia al fin
en busca de la gruta entre tus piernas.
Abuela retorna entre anturios,
esos que regó con su último llanto,
esos que inundaron con su olor
la noche en que cruzó el umbral
          en su último sueño.
Todo es ilusorio, arremete,
en la casa inundada de maleza,
de presentes efímeros incapaces
         de parir algún recuerdo.
Todo es ilusorio, repite,
          con la misma tristeza
que de joven se instaló en su mirada.
No se puede ser cobarde, susurra,
y le escribo este presente de alfileres.
Hundirme en la recurrencia
          escarlata de tus días quiero,
en la iteración de tu rocío grana,
asidero, esta vez, de mi ser
          más de noche que de día.
Todo es ilusorio, grita,
y me pierdo en tus pupilas anhelantes
que me miran como quien pronuncia
          un beso,
como quien asesta una caricia siempre en vilo.
          Lo esencial en tu boca
          quema las máscaras
tras las que se oculta la ternura,
pone de manifiesto el latido más piadoso
de un corazón hace tanto árbol de fuego,
hace tantas otras veces vehemente ceniza,
de un corazón en hambruna que no duda
          en devorarse a sí mismo.
          Abuelo agoniza en una cama
en la que habrán de agonizar otros cuerpos
en la que habrá de dar inicio su viaje,
          todo es perentorio, murmura,
mientras se aferra a su cuerpo herrumbrado,
mientras me aferro a lo esencial en tu boca
que me recuerda lo que hay en mí de injerto.

 

Y la noche ha soñado los encuentros, se ha apiadado de la inmisericorde estela de las horas. En duermevela, ancha, abre la puerta, congrega en su insondable territorio la muda algarabía de mis muertos. De rodillas, cae en lo indescifrable de su verbo, intenta transcribir el lenguaje del retorno. Mientras ellos, mis muertos, alzan la copa de los días incontables, colofón de la efímera existencia. Todos se rinden al mutismo, solo padre insiste en conversar con sus penas; en su copa han quedado los ojos de los cuervos que un día engulleron los cuerpos de sus últimos amores. Me observa con el corazón en la mano, lo observo con el corazón en la boca. Mi voz dilatada se asoma a su oído, es feto ensayando el primer llanto, es el grito neófito de una punzante pesadumbre. ¡Oh, padre, soy una manada de labios en procura de su beso; soy un rebaño de manos en busca de su sexo! No regreses aún al infinito, no te despidas aún de mi gesto atardecido, no sueltes mi sonrisa putrefacta. Quédate una luna más, acuna el desconsuelo de tu sangre. Dime, tú, que un día te fuiste sin reparo, cómo dejar de ser escoria, cómo se vuelve a las aguas de los mares prometidos, cómo se torna a los polvos de las tierras auguradas, cómo hacer de mis días un septiembre interminable. Desterremos de una vez por todas los silencios y dilucidemos, padre, la urgencia de mi súplica enroscada en su cintura.

 

Con el gatillo en mi boca


Soy la sombra que espera
     en su orilla.
Me inyecto los paisajes
recorridos en la única vena
hecha de esperas y de pájaros
somnolientos todos
todos incapaces de abandonar
la rama solitaria
tantas veces pronunciada.
Ella se detiene
también en esta espera
en sus bolsillos esconde
                            el puñal
aún fresco de mi lengua
y de mis dedos.
Me ofrece el único beso
resguardado de sus lágrimas
porque está cansada
de llorarme, inflige.
Porque ya no sabe
si vengo o voy
porque sigo siendo
          sombra
pero esta vez iluminada
por las vueltas que da el mundo,
         esgrimo,
porque el río que nos une
(y nos separa)
amenaza con estallar
           en mis pupilas
cada vez que un “te quiero”
amaga su gatillo en mi boca.

 

¿Dónde?

¿Dónde, Ojos, te espero?
En la ternura hospedada en las heridas
junto a vos
en el acertijo que se abrió tras del abrazo
a tu lado
en la llave a que obedecen tus cerrojos
en la anchura de tu río-mar
de aguas dulces y saladas
en la isla abrazada por dos ríos
en una habitación llena de peces y moluscos
con Deméter a mi diestra
revelando sus espigas y amapolas
en el desgarro que tal vez me corresponde
en los instantes que procuras y acontezco
en esta ciudad bengala
casi siempre oscura
casi siempre ensombrecida.
En mi ocaso
en tu alborada
en la indigencia que promete un desencuentro
en el eco persistente entre el pájaro y la pólvora
en el ruego de la sed o de la lluvia.
En tu puerto
en tu jardín
en tu fuga.
En una habitación llena de nombres y de espejos
en otro noviembre de helechos e hibiscos.
Adentro
afuera
de frente
lejos, cerca,
en tus manos.
¿Dónde, Ojos, te espero?

 

Esta tarde

Esta tarde las palomas
llaman a mi puerta
con el grito de sus alas.
          En su pico,
la tragedia del destierro
me muestra la lluvia
empeñada en sublevar
las aguas fronterizas.
Nueve hijos, nueve padres,
         nueve hermanos,
sin nombres todos,
atraviesan boca arriba el torrente.
        Junto a ellos,
una mujer toca fondo
con la esperanza del futuro
       en sus entrañas.
       Esta tarde,
con el grito de sus nombres,
alzan vuelo las palomas,
depositan sus alas en mis manos.

 

El que supo evadirme

De tu boca y de la mía,
         un hijo,
que pronuncie con su risa
la profundidad
de nuestro abismo.
         Un hijo
que diga las maderas
         y el polvo que grite telarañas
         y paredes, paredes que aún esperan
         el trazo inquieto de su crayola ingenua.
Un hijo que susurre
la forma de la hoja
que nos beba en la savia
y en el llanto de tu sauce
que murmure el tiempo
tantas veces marchito.
          Un hijo, sí,
el del aliento a madreselva
capaz de hablar mis sombras
el de la flor de hibisco
coronando su cabeza
el que lleva en sus ojos
la sabiduría de la ceiba
ese que abona generoso
mis raíces en tu cuerpo.
Sí, un hijo,
mío-tuyo-nuestro
ese que quise contigo
ese que quise contigo
ese que supo evadirme.

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Juana M. Ramos

(Santa Ana, El Salvador). Profesora de español y literatura en York College, Universidad Pública de la Ciudad de Nueva York. Ha participado en conferencias, coloquios y festivales de poesía en Latinoamérica, Inglaterra, EE.UU., Rumanía y España. Ha publicado los poemarios Multiplicada en mí, Palabras al borde de mis labios, En la batalla, Ruta 51 C, Sobre luciérnagas, Sin ambages/To the Point, Clementina (versión bilingüe italiano/español), Donde crecen amapolasEl agudo blandir al pronunciarteClementina/Clementine (versión bilingüe español/inglés), Una conversación pendiente/Unfinished Conversation (versión bilingüe español/inglés), Sunny intenta amansar una herida/Sunny tenta apaziguar uma ferida (versión bilingüe español/portugués, traducido por Floriano Martins),  Η ΣΑΝΥ ΠΡΟΣΠΑΘΕΙ ΝΑ ΑΠΑΛΥΝΕΙ ΜΙΑ ΠΛΗΓΗ / Sunny intenta amansar una herida (versión bilingüe griego/español, traducido por Stelios Karayanis) y el libro de relatos Aquí no hay gatos. Es autora del libro Nomadismo y alteridad. Las otras historias de la guerra y coautora del libro de testimonios Tomamos la palabra: mujeres en la guerra civil de El Salvador (1980-1992). Además, sus poemas y relatos han aparecido publicados en antologías, revistas literarias impresas y digitales en Latinoamérica, EE. UU., Francia, Italia y España, y han sido traducidos al inglés, portugués, francés, griego e italiano. En 2021 recibió el premio Feliks Gross Award, otorgado por la Universidad Pública de la Ciudad de Nueva York, por su labor como docente e investigadora, y fue reconocida por la Fundación Cultural Chifurnia como Poeta del Año 2023 en El Salvador. En octubre de 2024, The Hispanic Latino Cultural Center of New York le dedicó, como poeta homenajeada, la 18a Feria del Libro Hispana/Latina de Queens, Nueva York.  En 2020 dio inicio a una intensa labor cultural a través de EntreTmas, un espacio digital donde entrevista y promociona a escritoras latinoamericanas y españolas que residen en Estados Unidos, Latinoamérica y España. Asimismo, es directora de la revista semestral de literatura EntreTmas Revista Digital y curadora, junto a Margarita Drago, de Palabra-Imagen-Escena, un espacio artístico creado para la difusión de las creaciones de poetas, narradores, dramaturgos y artistas visuales que producen su obra en español en NY. Además, dirige la Colección Libros Imposibles, junto al poeta, traductor y ensayista brasileño Floriano Martins. También es presentadora del programa de entrevistas Canon & Fuga, que dirige junto al escritor colombiano David Troncoso.

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